UN CALZADO PARA CADA MOMENTO

Todos los años me pasa lo mismo en los meses de invierno, y es que cuando se me desatan los cordones de las zapatillas deportivas siempre se me empapan y eso se ha terminado. Se me ha ocurrido comprarme alguna clase de Cordón impermeable que le pueda poner a mis zapatillas deportivas y que aunque se me desatan los cordones no se me empapen por culpa de los charcos provocados por la lluvia. Tengo unas zapatillas deportivas a las que llamo los tenis de lluvia, porque son de una marca muy buena y tienen gore tex en el exterior, lo que va muy bien en el lugar en el que vivo que tiene un clima bastante complicado en los meses de invierno. Estos tenis de lluvia me los regaló uno de mis amigos en una visita que le hice a la ciudad en la que está viviendo ahora junto con su novia. Él me los regaló porque le hacían daño en la planta del pie y ya se le había pasado el plazo para devolverlos, son un poco pesados y cuando subes las cuestas te das cuenta del peso que llevas de más. Con otros calzados que tengo no se nota tanto el peso en los pies a la hora de subir las cuestas, pero eso sí con estos tenis de lluvia siempre he tenido los pies secos a diferencia de mucha gente que conozco que sale los días de lluvia con el mismo calzado con el que va a la playa en verano. 

Eso es algo que no me entra en la cabeza, si hay calzado para cada estación, ¿por qué tanta gente usa el mismo calzado durante todo el año? y no creo que el dinero sea la única excusa, pienso que más bien es pereza a la hora de escoger el calzado. Pensaba que esto le ocurría más a los hombres que combinamos menos la ropa que las mujeres pero estaba equivocado y he visto a muchas mujeres que no saben diferenciar entre calzado de invierno y calzado de verano. Yo personalmente aprendí que hay un calzado para cada momento.

El mejor complemento para las zapatillas 

Cualquier que no esté acostumbrado a competir le parecerá una minucia la elección de los complementos de las zapatillas, pero cuando tu vida gira en torno a una carrera, la cosa cambia, incluso aun cuando esas competiciones son tan solo parte de tu “ocio”, como es mi caso. 

No me gano la vida con las pruebas de triatlón, pero para mí es algo muy importante en mi vida. Al margen de la familia y el trabajo, es lo que más tiempo ocupa. Incluso, que quede entre nosotros, a veces sacrificamos un poco de tiempo de trabajo (y/o familia) para entrenar un poquito más de cara afinar antes de una prueba. 

Y cuando cada segunda cuenta, todos los elementos son decisivos, incluso los pequeños detalles, porque justamente son los pequeños detalles los que fácilmente nos pueden dar una considerable ganancia… o arruinar una prueba. Algo tan aparentemente irrelevante como cambiar cordones por gomas puede ser algo clave. Y os cuento por qué. 

Un amigo cercano compañero de entrenos estaba apurando los últimos ensayos de cara a una importante prueba de triatlón. A última hora decidió volver a los cordones, después de varias pruebas con gomas en las zapatillas. No estaba del todo seguro en el uso de dichas gomas porque consideraba que podían no ajustarse bien y pensó que lo más lógico era volver a los cordones. Puede ser un segundo arriba o abajo, pero si no ajustas bien la zapatilla puedes estar incómodo toda la prueba de carrera.

Pero los cordones también tienen su lado negativo y es que se pueden soltar en un momento dado. Y eso es lo que le pasó a mi amigo, con tan mala suerte que al soltarse se enganchó y cayó. No hubo lesión que lamentar, pero el dolor de la caída le arruinó la prueba de carrera y con ello la marca. Tan solo por haber decidido a última hora cambiar un complemento de la zapatilla.

Así que la próxima vez que no te tomes en serio aspectos como cambiar cordones por gomas en las zapatillas ten en cuenta que hasta los más mínimos detalles pueden ser decisivos.

Dos trabajos de costura muy sencillos para principiantes

Si estás animado a comenzar a usar tu máquina de coser y ya controlas lo básico de la misma, es el momento de comenzar a realizar los primeros trabajos para el hogar. Es un paso importante y que te va a producir una gran satisfacción porque por fin podrás ver que tu esfuerzo tiene recompensa y que puedes lucir en tu hogar aquello que haces.

Uno de los trabajos más sencillos es realizar un mantel para tu mesa de diario. Necesitas para ello un trozo de una tela que te guste y que sea adecuada para mantel, por ejemplo, una mezcla de algodón con poliéster, sufrido y con un bonito diseño. Corta la medida del mantel y también de las servilletas y, con la ayuda de una tiza para tela, traza los bordes. Dobla la tela sobrante para el dobladillo y sujétala con unos alfileres.

El proceso de hilvanado puede hacerse a mano o a máquina. Esto es al gusto de cada persona, pero para los principiantes suele resultar más sencillo hacerlo a mano hasta que cogen la técnica y no se les escapa la tela. Una vez hilvanado, solo hay que coserlo en la máquina poniendo especial cuidado en los remates de las esquinas.

Las servilletas se hacen igual que el mantel, pero son más sencillas al ser mucho más pequeñas. Con la tela sobrante y cinta elástica puedes crear unas cintas para sujetar las servilletas y hacerlas más atractivas en la mesa. Si compras la cinta en una mercería que disponga de un buen distribuidor de Cinta elástica la encontrarás en muchos colores. Escoge uno similar a la tela y así, aunque se transparente, no se notará prácticamente nada.

Otro trabajo muy sencillo es una funda para cojín. Solo necesitas cortar dos trozos de tela del tamaño buscado, sea cuadrada o rectangular. Ten en cuenta que cuanto más grueso sea el relleno más va a ocupar, así que, si quieres que el tamaño del cojín sea uno en concreto, tendrás que hacer la funda ligeramente más grande en función del grosor.

En uno de los lados de la tela crea un dobladillo ancho, hilvánalo y cose con un bonito remate. En una de las telas crea dos ojales sobre el dobladillo de un tamaño más o menos grande. Por el revés, hilvana ambas piezas de tela uniéndolas por tres de los extremos, los que no tienen dobladillo, y cose. Dale la vuelta a la tela y tendrás tu funda. Solo te quedará coser dos botones a la altura de los ojales, meter el relleno y cerrar los botones para tener tu cojín listo.

Manos a la obra 

Ya hemos empezado a mirar pisos. La verdad es que llevo muchos meses pensando en el cambio de piso y tengo un poco de obsesión con el tema. Por eso es bueno que mi mujer esté más tranquila, nos sirve para afrontar este tema de una forma más adecuada. Y es que mi mujer y yo somos muy distintos: para algunas cosas es negativo, pero, para otras, ayuda. Por ejemplo, a la hora de mirar pisos nos fijamos en cosas distintas y eso ayuda a tener una idea más amplia de lo que hemos visto.

Por ejemplo, en este primer piso que hemos visto yo iba muy enfocado con el tema de la iluminación y el ruido, dos aspectos para mi decisivos porque trabajo en casa. Pero mi mujer es capaz de fijarse en otros detalles que para mí pasan de desapercibidos como la decoración: ella es capaz de fijarse hasta en las cintas para sujetar cortinas de las casas que vemos. Y entones luego lo ponemos todo en común y sacamos conclusiones.

Sucede lo mismo en nuestra casa actual. Yo soy un obsesivo de la luz natural. A nivel psicológico es muy importante para mí y por eso trato de potenciarlo al máximo. Y en eso influyen también mucho las cortinas que se eligen. Si las cortinas son suficientemente traslúcidas, tendrás ambientes bien iluminados, pero también hay que tener en cuenta que si dejan pasar demasiada luz tal vez no ofrezcan la intimidad adecuada. Por eso, hay que elegir bien el material con el que se confeccionan las cortinas.

De eso se encarga mi mujer. En nuestra casa actual, todas las habitaciones tienen cortinas cortadas por mi mujer. Ella se encarga de elegir el material y el estilo y hasta selecciona cintas para sujetar cortinas. Desde luego, es un trabajo que lleva tiempo, pero ella lo disfruta y la verdad es que tiene mano para estas cosas.

El hecho de cambiar de casa supone que va a tener que meterse otra vez con el tema de las cortinas porque no parece que vayamos a poder usar las de la antigua casa. Pero si es para mejorar seguro que encontramos la motivación para cambiar y ponernos otra vez manos a la obra con todo.

El algodón, muy presente en nuestras vidas

El algodón está muy presente en todos los aspectos de nuestra vida. Sabemos que forma parte de nuestras prendas de vestir, de la ropa que nos abriga por la noche en la cama, de las toallas en las que nos secamos y de los paños con los que limpiamos nuestra casa.

Pero también está presente en multitud de pequeños objetos de los que quizás ni nos demos cuenta, como los cordones de los zapatos, las cintas del pelo o los cordoncillos con los que se atan las etiquetas de los precios de la ropa.

Todas estas cosas se fabrican en diferentes materiales y por eso empresas como industria algodonera han abierto sus puertas a realizar productos con plásticos de diferentes tipos o incluso con fibras sintéticas. Pero todo ello con los mismos estándares de calidad de siempre.

Los cordones de toda la vida ahora se fabrican también con materiales elásticos e incluso se entremezclan con distintos metales para conseguir acabados muy diversos y apropiados para todo tipo de usos. Mientras que un adulto puede estar cómodo con unos cordones para sus zapatos de los de toda la vida, un niño agradecerá mucho más que los cordones sean elásticos para no tener que atarlos, solo enroscarlos, y poder seguir son su ritmo de vida sin pararse para hacer nudos.

Lo mismo ocurre con las cintas, que ya no son solo de tela de algodón o de raso, sino que ahora se fabrican en distintos materiales para conseguir acabados elásticos e incluso resistentes al fuego, algo fundamental en determinados usos.

Los tejidos de hilo de polipropileno son otro ejemplo de cómo evolucionan las telas en el mercado actual, consiguiendo un producto muy versátil con el que realizar todo tipo de lonas y protectores.

Si hablamos de tejidos textiles, una de las ventajas de los tejidos que no son de algodón es que no encojen y que además tiene un precio normalmente inferior al algodón de calidad. Tampoco se arrugan tanto y eso hace que parte de los consumidores se inclinen por estas nuevas maneras de hacer ropa.

Los tiempos evolucionan y los materiales también, pero el algodón no tiene previsto desaparecer de nuestra vida. Es cierto que hoy por hoy, los tejidos sintéticos son muy suaves e incluso no causan alergia. Pero la suavidad de la ropa de algodón y su tacto pueden imitarse, parecerse, pero jamás igualarse.

La niña artista

Siempre he admirado a las personas con habilidades manuales, supongo que porque yo no tengo ninguna. Es gente con un sexto sentido para fabricar cosas con las manos y para arreglar objetos en un pispás. Algunos de ellos incluso logran ganarse la vida con estas habilidades: desde artesanos hasta artistas de prestigio.  

Uno de mis primeros recuerdos en este sentido está relacionado con la clase de plástica del colegio. No suspendía pero tampoco era un alumno destacado. La falta de destreza técnica se juntaba con mi nula paciencia. Si algo no me salía a la primera, no quería saber nada más de ello.

Cuando estábamos cerca de finalizar un curso, nos indicaron lo prueba final: fabricar un muñeco articulado. Entré en pánico cuando empezaron a explicarnos cómo había que hacer aquella cosa. Se necesitaba bastante material, incluyendo tela, cinta elástica, alambres, etc. Vale, conseguir el material no sería tan complicado, pero juntarlo todo y cumplir con la tarea me parecía imposible. Entonces me puse manos a la obra para buscar una fórmula alternativa: pagaría a una alumna para que hiciera mi muñeco.

Tenía bastante amistad con aquella niña. Era una alumna que estudiaba bien, algo despistada, pero  muy despierta para la mayoría de cuestiones artísticas. En la clase de Plástica era de las mejores. No lo dudé: cuando terminó aquella clase me acerqué a ella. “Oye Carmen, ¿qué te parece si te doy 500 pesetas y me haces el muñeco articulado?”. Se quedó unos segundos pensando y me respondió: “vale”.

Semanas más tarde llegó el momento de presentar el muñeco y yo estaba algo nervioso. ¿Y si la niña se había olvidado del asunto? ¿Y si me decía que con el suyo ya había tenido bastante trabajo? Cuando llegó al colegio nos reunimos en el patio. Ella sacó de su mochila el muñeco, con su vestido con cinta elástica y toda la parafernalia. Era un poco peor que el suyo, la verdad, pero me sacó del problema.

Fue la primera vez que ‘compré’ mi aprobado en una asignatura de este tipo, pero no sería la última. Mi relación con la niña artista se hizo más estrecha y yo empecé a despreocuparme de las tareas más complicadas. Eso sí, tuve que ahorrar.