El algodón, muy presente en nuestras vidas

El algodón está muy presente en todos los aspectos de nuestra vida. Sabemos que forma parte de nuestras prendas de vestir, de la ropa que nos abriga por la noche en la cama, de las toallas en las que nos secamos y de los paños con los que limpiamos nuestra casa.

Pero también está presente en multitud de pequeños objetos de los que quizás ni nos demos cuenta, como los cordones de los zapatos, las cintas del pelo o los cordoncillos con los que se atan las etiquetas de los precios de la ropa.

Todas estas cosas se fabrican en diferentes materiales y por eso empresas como industria algodonera han abierto sus puertas a realizar productos con plásticos de diferentes tipos o incluso con fibras sintéticas. Pero todo ello con los mismos estándares de calidad de siempre.

Los cordones de toda la vida ahora se fabrican también con materiales elásticos e incluso se entremezclan con distintos metales para conseguir acabados muy diversos y apropiados para todo tipo de usos. Mientras que un adulto puede estar cómodo con unos cordones para sus zapatos de los de toda la vida, un niño agradecerá mucho más que los cordones sean elásticos para no tener que atarlos, solo enroscarlos, y poder seguir son su ritmo de vida sin pararse para hacer nudos.

Lo mismo ocurre con las cintas, que ya no son solo de tela de algodón o de raso, sino que ahora se fabrican en distintos materiales para conseguir acabados elásticos e incluso resistentes al fuego, algo fundamental en determinados usos.

Los tejidos de hilo de polipropileno son otro ejemplo de cómo evolucionan las telas en el mercado actual, consiguiendo un producto muy versátil con el que realizar todo tipo de lonas y protectores.

Si hablamos de tejidos textiles, una de las ventajas de los tejidos que no son de algodón es que no encojen y que además tiene un precio normalmente inferior al algodón de calidad. Tampoco se arrugan tanto y eso hace que parte de los consumidores se inclinen por estas nuevas maneras de hacer ropa.

Los tiempos evolucionan y los materiales también, pero el algodón no tiene previsto desaparecer de nuestra vida. Es cierto que hoy por hoy, los tejidos sintéticos son muy suaves e incluso no causan alergia. Pero la suavidad de la ropa de algodón y su tacto pueden imitarse, parecerse, pero jamás igualarse.

La niña artista

Siempre he admirado a las personas con habilidades manuales, supongo que porque yo no tengo ninguna. Es gente con un sexto sentido para fabricar cosas con las manos y para arreglar objetos en un pispás. Algunos de ellos incluso logran ganarse la vida con estas habilidades: desde artesanos hasta artistas de prestigio.  

Uno de mis primeros recuerdos en este sentido está relacionado con la clase de plástica del colegio. No suspendía pero tampoco era un alumno destacado. La falta de destreza técnica se juntaba con mi nula paciencia. Si algo no me salía a la primera, no quería saber nada más de ello.

Cuando estábamos cerca de finalizar un curso, nos indicaron lo prueba final: fabricar un muñeco articulado. Entré en pánico cuando empezaron a explicarnos cómo había que hacer aquella cosa. Se necesitaba bastante material, incluyendo tela, cinta elástica, alambres, etc. Vale, conseguir el material no sería tan complicado, pero juntarlo todo y cumplir con la tarea me parecía imposible. Entonces me puse manos a la obra para buscar una fórmula alternativa: pagaría a una alumna para que hiciera mi muñeco.

Tenía bastante amistad con aquella niña. Era una alumna que estudiaba bien, algo despistada, pero  muy despierta para la mayoría de cuestiones artísticas. En la clase de Plástica era de las mejores. No lo dudé: cuando terminó aquella clase me acerqué a ella. “Oye Carmen, ¿qué te parece si te doy 500 pesetas y me haces el muñeco articulado?”. Se quedó unos segundos pensando y me respondió: “vale”.

Semanas más tarde llegó el momento de presentar el muñeco y yo estaba algo nervioso. ¿Y si la niña se había olvidado del asunto? ¿Y si me decía que con el suyo ya había tenido bastante trabajo? Cuando llegó al colegio nos reunimos en el patio. Ella sacó de su mochila el muñeco, con su vestido con cinta elástica y toda la parafernalia. Era un poco peor que el suyo, la verdad, pero me sacó del problema.

Fue la primera vez que ‘compré’ mi aprobado en una asignatura de este tipo, pero no sería la última. Mi relación con la niña artista se hizo más estrecha y yo empecé a despreocuparme de las tareas más complicadas. Eso sí, tuve que ahorrar.