La casera que leía periódicos de economía

Se cumplía un año de nuestro contrato de alquiler y recibimos una llamada de la casera. No es lo habitual que llame, suele informar por WhatsApp, así que nos extrañamos. La chica nos caía bien, no parecía la típica casera que pelea por la última peseta, como hacen la mayoría, o al menos esa es la experiencia que he tenido hasta ahora con 5 ó 6 arrendadores.

Se supone que nos llamaba para una pequeña reforma piso. Cuando entramos en esta casa, nos dijo que tenía intención de cambiar la placa de la cocina, que era de gas, por una cocina de inducción, más moderna y ahorrativa. A nosotros nos pareció bien, aunque le dijimos que tampoco nos corría prisa: no queríamos tener obra en casa, aunque fuese pequeña, nada más entrar en ella.

Así que la cosa se fue dejando hasta que pasó un año. Cuando le cogí el teléfono esperaba que me  comentase algo de la cocina que ya tocaba. Y, efectivamente, me dijo que había estado mirando placas y que ya tenía más o menos decidido lo que iba a poner, que estaba muy bien, etc. Le pregunté, para estar preparados, que para cuándo calculaba que sería la reforma piso, pero echó balones fuera, como se suele decir.

Y cuando ya iba a colgar, dijo: “un momento, quería comentaros otra cosa, si tienes un segundo”. Aquello no sonó nada bien, pero no tenía idea de por dónde iban los tiros, así que escuché: “mira es que me he estado informando. Me gusta mucho estar al día, leo mucho periódicos de economía y he visto que en la zona en la que tengo este piso, el vuestro, se están revalorizando mucho las viviendas…”. Y entonces ya supe la bomba que quería soltar. No me hizo falta seguir escuchándola para saber que nos quería subir el precio del alquiler… ¡solo un año después de firmar el contrato!

Mientras yo enrojecía de cólera, traté de controlar mis nervios y decirle a todo que sí. Necesitaba confirmar el dato con el contrato delante… que no había vuelto a leer desde que lo firmamos. Y efectivamente, según ponía el contrato, no se podía alterar el alquiler hasta que no pasaran dos años más… ¡Lista!

Los gemelos reformadores

Mi mujer es una fanática de los programa de televisión sobre reformas de casas. Cuando yo me levanto por las mañanas de los fines de semana, con los ojos a medio abrir y con medio cerebro todavía durmiendo, entro en el salón y ya está puesto en la tele el canal de los programas de reformas. Desde las 9 de la mañana hasta que el cuerpo aguante: todo el día viendo a tipos tirando tabiques abajo y batallando con amianto.

En uno de esos programas salen dos gemelos que se están haciendo un nombre en la televisión española, siendo ya estrellas en Norteamérica (especialmente en Canadá, de donde son oriundos y el origen de muchos de estos programas de reformas). De hecho, tienen más de un programa, aunque yo solo recuerdo el título de uno: La casa de tus sueños… o algo así.

Uno de los gemelos es el reforma casa, siempre va con su camisa de cuadros y su cinturón de herramientas. Aunque lleva el pelo un poco más largo que su hermano, nunca se despeina y, por supuesto, ni una mancha en sus camisas a pesar de que se pasa el día encontrando deyecciones de ratas entre los tabiques de las casas.

El otro gemelo (Drew, hasta me sé el nombre) es el agente inmobiliario, siempre con una sonrisa irónica en el rostro, con trajes de dudoso gusto aunque entalladitos y con la asombrosa capacidad de convencer siempre a los clientes de lo que necesitan, aunque ellos quieran exactamente lo contrario cuando empieza el episodio.

Una de las particularidades de este programa es que los clientes colaboran con el gemelo reforma casa, ya sea descuartizando un espejo o echando abajo un armario. La mujer del matrimonio protagonista del episodio siempre descubre entonces su afición por destruir paredes con un mazo.

Que no digo yo que no sean programas entretenidos, se disfruta bastante viendo los casoplones que gastan los canadienses, haciéndonos creer que en ese país todo el mundo tiene una vivienda de varias plantas con sótano. Pero al final todos los programas son muy similares. Mi mujer no opina lo mismo, por supuesto…

MUDARSE AL PUEBLO

Cada vez hay más gente que prefiere irse a vivir a los pueblos, ya sea para volver a repoblarlos o por la tranquilidad que se respira en los pueblos. Pero para ello hay que reformar las casas familiares que se están derrumbando, y casi todos empiezan por reformar cocina, que es donde se pasa la mayor parte del tiempo en las casas de la aldea, por el frío que suele hacer en las aldeas en invierno, tener una cocina de hierro es esencial para poder estar caliente, una vez que se enciende la cocina de hierro ya nadie quiere abandonar la cocina. El problema llega cuando tienes que salir a la calle o tener que ir a dormir cada uno a su habitación, ya que fuera de la cocina por lo general la casa está helada. Mucha gente pone mantas eléctricas en sus camas para poder tenerlas calientes para cuando se vayan a acostar.

 

Una vez que te mudas para la aldea, no te queda más remedio que adaptarte a la vida tranquila del pueblo, algo que no todo el mundo es capaz de conseguir, mucha gente que está acostumbrada a vivir en la ciudad y a su estrés no se habitúan tan rápidamente como les gustaría. Tener que trabajar los campos que tenga cada uno es una tarea que hay que hacer, no vas a tener campos parados sin producir, eso sí hay que plantar cosas que no planten el resto de los vecinos, así después podrás hacer trueques con ellos, y todos estaréis contentos. porque si todos en el pueblo plantan las mismas cosas, al final no vas a dar a basto para poder consumir todo lo que produzcas, y venderlo por tu cuenta es bastante complicado.

 

Lo que sí hay que tener en casa en el pueblo son las viñas, ya que eso sí que no es difícil consumir, el vino en las aldeas lo beben como si fuese agua, y cada uno piensa que el vino que él produce es el mejor del pueblo.

 

Irse a vivir al pueblo no tiene precio, solo hay que tener una mentalidad más abierta que en la ciudad.

Consejos para explotar la zona exterior de tu restaurante

Un restaurante ya no es ‘solo’ un restaurante. Hoy en día, cada vez son más los locales de hostelería dedicados a la restauración que amplían su clientela a través de la organización de eventos, la coctelería, el afterwork, etc. Son conceptos más o menos nuevos que llegan para ampliar la idea que tenemos de un restaurante. Y en todo ello, la terraza juega un papel decisivo. ¿Cómo podemos explotar de forma certera la terraza de nuestro negocio?

Hace unos días aparecía en la prensa una noticia que hacía referencia a la presunta crisis que tienen los locales de copas que se ven amenazados por los propios restaurantes. La moda de los cócteles tiene mucho que ver en todo ello y el hecho de que los propios restaurantes cuentan con cartas de este tipo de combinados es lo que hace que los clientes no necesiten irse a un local específico para disfrutar de un buen gin-tonic. Y si es en una terraza, mejor que mejor…

¿Es mejor optar por  terrazas cubiertas para hosteleria? Hay que tener en cuenta que las terrazas abiertas son solo aptas para el verano. La climatología obliga a proteger a los clientes tanto por la posible lluvia como por el frío, por lo que elegir una terraza cubierta nos permite tener abierta la terraza todo el año. Para ello, existen soluciones como las cubiertas retráctiles que nos permiten abrir o cerrar según la época del año o la hora del día.

Pero antes de lanzarnos a la piscina con la terraza de nuestro local, es conveniente analizar dos aspectos fundamentales: la normativa y nuestro presupuesto. Para abrir una terraza es necesario contar con una licencia del ayuntamiento ya que en la mayoría de los casos ocuparemos suelo público. Y, por otro lado, hay que tener en cuenta que hay que analizar el presupuesto con el que contamos. Las terrazas cubiertas para hostelería son elementos con un precio considerable, y debemos estar preparados para aprovecharlas al máximo si queremos que no salga rentable.

Por último, la decoración y el mobiliario ocupan un lugar también decisivo. Saber diferenciarse de la competencia será un punto a favor a la hora de elegir nuestro negocio para cenar y tomar unas copas.

Rehabilitar el local: ¿sí o no?

Dicen que solo mirando el baño de un bar o restaurante ya puedes conocer qué tipo de local es. Por supuesto, me refiero a la limpieza del mismo, pero también a su diseño y a la calidad de los materiales. A veces, lo barato sale caro. Y ahorrar dinero en la construcción de los baños, puede ser un gran error.

Puedo poner un ejemplo elocuente. Un amigo llevaba bastante tiempo pensando en montar su propio local. Había tenido éxito como barman especializado en coctelería. Incluso recibió algunos premios. Cuando ahorró un poco de dinero se lanzó a la creación de un local propio. Tenía cierta fama en la ciudad, así que era una apuesta que podría funcionar. Y funcionó, pero tuvo que solventar algunos problemas con los que no contaba.

Aunque es un gran barman, no tiene mucha idea de decoración y diseño de interiores. Alquiló un local en el que estaba situado un bar de estilo tradicional. Por supuesto, había que cambiarlo todo. Pero él tuvo la ‘brillante’ idea de no reformar baño. Se trataba de pintarlo y arreglarlo pero dejarlo con el mismo estilo que tenía en el antiguo bar. Pensó que le daría un toque castizo a su bar ultramoderno.

Cuando nos lo contó, fruncimos el ceño. Podía tener sentido, pero el problema era que el resto del local iba a tener un diseño muy contemporáneo combinando piedra y madera. Y el baño iba en azulejos blancos de toda la vida. Tal vez a los clientes no les hiciese mucha gracia. Pero él estaba convencido. Además iba un poco justo de presupuesto y aprovechó para ahorrar en la reforma.

Cuando el local abrió sus puertas, fue un éxito. Su fama de coctelero en la ciudad le ayudó y en las primeras semanas se convirtió en una referencia en el barrio. Pero había un problema. Algunos clientes de confianza se acercaban al propietario y le decían: “se te olvidó reformar baño, ¿verdad?”.

El asunto tuvo gracia al principio, pero el barman empezó a darse cuenta que su idea había sido demasiado arriesgada. Y, por supuesto, terminó por adaptar los baños al estilo del resto del local.