Las viviendas se deterioran con el paso del tiempo. Sin un mantenimiento periódico, los factores ambientales y climáticos o el ciclo de vida limitado de sus materiales constructivos hacen mella en las estructuras e instalaciones de la edificación. Esta degradación acumulativa acaba generando fallos y averías en los sistemas de climatización, por ejemplo, obligando a contratar un servicio de reparación calentadores en Sanxenxo y asumir otros gastos.
Incluso en viviendas de obra nueva, las tareas de mantenimiento comienzan desde el primer día de uso. La limpieza regular, la revisión de las cubiertas o la sustitución de sellados, burletes y otros elementos es fundamental para conservar su eficiencia energética o prevenir problemas a medio y largo plazo.
Entre otras, una clara señal de alarma es la formación de moho, humedades y filtraciones, visibles sobre todo en baños, cocinas y zonas de capilaridad. Revelan un mal aislamiento en techos, ventanas, paredes y cimientos y la necesidad, por tanto, de acometer obras de impermeabilización.
En fachadas, la aparición de grietas y fisuras o el desprendimiento de la pintura es otra advertencia que los propietarios no deben desoír. Las causas de estos desperfectos son diversas: desde los asentamientos estructurales hasta la expansión de los materiales de construcción o las temidas filtraciones.
Las instalaciones de la vivienda también se resienten del deterioro acumulado. En los sistemas de climatización, por ejemplo, se manifiesta en forma de condensaciones anormales y pérdida de rendimiento, que repercute a su vez en un incrementado injustificado de la factura eléctrica.
Cuando las puertas y ventanas se atascan o se detectan corrientes de aire internas, el mantenimiento está siendo insuficiente. Esta misma negligencia puede estar detrás de los olores inusuales y persistentes, resultado de problemas en la ventilación, el funcionamiento de grifos y desagües o la corrosión interna de las tuberías.