Tomar la decisión de preparar una oposición es, en el fondo, firmar un contrato a ciegas con tu propio futuro. Pero más allá del coste emocional, del aislamiento y de las horas robadas al sueño, hay una realidad mucho más prosaica que te golpea el primer día de cada mes: el coste económico. Cuando decidí apostar todo a una plaza pública en Galicia, sabía que tendría que invertir tiempo, pero nadie te prepara del todo para los números que empiezan a acumularse en la cuenta bancaria mientras estudias en A Coruña. A Coruña es una ciudad fantástica para ser opositor, con su red de bibliotecas y ese mar que te limpia la cabeza después de un simulacro desastroso, pero el mercado de las academias aquí tiene sus propias reglas. Tras patearme el centro y comparar varias opciones en zonas como Cuatro Caminos o la Plaza de Pontevedra, descubrí que la horquilla de precios es tan amplia como el propio temario. Por lo general, la mensualidad en una academia presencial de nivel medio en la ciudad se mueve entre los 90 y los 160 euros al mes. En mi caso, opté por una preparación intermedia que me cuesta 120 euros mensuales. A primera vista, puede parecer una cifra asumible si se piensa en el premio final —un sueldo fijo y la tranquilidad de por vida—, pero cuando multiplicas esa cuota por los meses, o los años, que suele durar este proceso, la perspectiva cambia radicalmente. Además, la mensualidad es solo la tarifa base. El primer mes te encuentras con la famosa matrícula, que a menudo ronda el coste de otra mensualidad completa, y los materiales. Aunque algunas academias te incluyen el temario impreso en la cuota, muchas otras te lo cobran aparte o te exigen actualizaciones constantes a golpe de billetera cada vez que el Boletín Oficial del Estado (BOE) o el Diario Oficial de Galicia (DOG) deciden cambiar una ley. Un buen temario base, con sus carpetas de test y supuestos prácticos, puede suponer un desembolso inicial de entre 150 y 300 euros. También está el factor de la modalidad. En las reuniones informativas me ofrecieron opciones online o por videoconferencia algo más económicas, bajando a veces de los 80 euros, pero sabía que necesitaba la disciplina de mirar a un preparador a los ojos y la presión sana de ver a otros compañeros memorizando las mismas leyes que yo. Esa presencialidad, lógicamente, se paga. Haciendo cuentas, sostener este ritmo en A Coruña me cuesta fácilmente unos 1.500 euros anuales limpios, contando solo lo estrictamente académico y dejando fuera los cafés obligatorios para sobrevivir a las tardes de biblioteca. Es un esfuerzo financiero enorme, un peaje que pago con la esperanza de que sea temporal. Al final, cuando pago la mensualidad, no siento que esté gastando dinero en un curso; siento que estoy comprando los mapas, las armas y el entrenamiento para una batalla que tengo que ganar obligatoriamente. El precio academia oposiciones en A Coruña es alto, pero el coste de rendirse lo sería mucho más.